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Smile

Smile! (Sonrie). Con este palabra pretendía Brian Wilson titular su ‘sinfonía adolescente para Dios’. Jamás he llegado a comprender el significado real de esa expresión, y siempre me ha parecido una frase casual que en un momento determinado (y posiblemente narcotizado) pronunció para intentar definir el proyecto en el que estaba trabajando. Era tal su envergadura, que la palabra ‘sinfonía’ se queda corta. Y es que Brian no sabía cómo explicar que su plan, su plan maestro para Smile, era llevar el concepto de Pet Sounds a un nivel distinto, superior, algo jamás alcanzado. La estrategia incluía la idea de trabajar con canciones o piezas que, enlazadas, pudiesen conformar un continuo donde las texturas, cambios, secciones, coros y armonías se fuesen sucediendo y fundiendo de un modo fluido, conformando un entramado sonoro especial, algo casi orgánico creado y generado como sólo él concebía: a base de superponer capas sonoras tejiendo una telaraña sin precedentes.

La idea en sí nació durante las sesiones de grabación de Pet Sounds cuando Brian empezó a trabajar en una nueva canción a partir de la idea de una frase que su madre solía utilizar y que hacía referencia a la transmisión de buenas vibraciones a la gente. Good Vibrations, que así se titula la canción, se gestó en aquel entorno , grabada entre sesiones del Pet Sounds, sentó las bases y plantó la semilla de Smile. Good Vibrations, pese a no ser incluida en Pet Sounds, es la hija predilecta del mismo. Es una pieza cuya estructura es más compleja que muchos discos enteros. Sus cambios de ritmo y secciones se suceden uno tras otro, generando una sinfonía pletórica y optimista que desemboca en el estribillo final. Su melodía, junto a la de otra canción estrella (Heroes and Villains) conforman la base de Smile.

Smile, pues, se gestó en una atmósfera de optimismo y buenas vibraciones sin precedentes. Brian había sido elevado a la categoría de genio tras la publicación de Pet Sounds y el posterior single Good Vibrations (el más caro del momento). Catapultado a la vanguardia musical de la época junto a Van Dyke Parks, Lennon y McCartney, se enfrascó en la creación de Smile, el sucesor de Pet Sounds, el disco que iba a acabar de dar la vuelta de rosca definitiva al rock y al pop, la superación maestra de su predecesor. Nadie hubiese podido vaticinar  que semejante situación podía derrumbarse, y no obstante algo comenzó a fallar de forma tan latente en la mente de Brian que apenas podía percibirse. Por un lado, la excesiva perfección que obsesionaba a Wilson se unió al desencanto creativo que sentía con respecto al resto de Beach Boys. Además, la presión mediática empezaba a dejarse notar tras las declaraciones de los pocos privilegiados que habían asistido a distintas sesiones de grabación de Smile y que aseguraban haber asistido a la gestación del mayor y mejor disco jamás creado. Es decir, se había hablado tanto en aquel momento sobre un disco que aún no había visto la luz, que el mero hecho de saber que Brian Wilson podía rozar la perfección absoluta superando la genialidad parida en Pet Sounds ya había engendrado la leyenda.

Todo esto sumado a la debilidad e inestabilidad emocional de Brian provocó un efecto poco esperado. Con los rumores de que el disco estaba completamente grabado y listo para encajar cada una de sus partes y sacarlo a la luz, Brian sigue en sus trece y continúa dando vueltas a algo tan enorme como este proyecto, ya que su entorno más cercano (el resto de Beach Boys, Capitol y gente cercana a él) siguen ‘discrepando’ de su concepto acerca del disco y su visión de la música. Así, Brian entra en una espiral autodestructiva que le lleva a no saber cómo encajar las piezas de semejante puzzle y lo sume en un deterioro mental que roza la locura. Al final, el proyecto de Smile queda abortado (con muchas partes acabadas, otras casi acabadas e incluso con el artwork preparado). Se forja definitivamente la leyenda y Smile , casi como un gran espectro, se gana la fama de ‘disco maldito’ mientras corre el rumor de que el propio Brian ha destruido algunas cintas de las grabaciones originales, decidiendo dejar de lado el proyecto y dedicarse a dar, como buenamente puede, lo que el público espera de él, al mismo tiempo que se hunde en su propia miseria, alcanzando un estado de enajenación mental aderezado, en parte, por las drogas (tampoco tan exagerado como algunos se empeñan en pintarlo).

De las muchas partes y canciones finalizadas del proyecto, algunas fueron goteando a lo largo de sucesivos discos (Smiley Smile, Wild honey, Surf’s Up, Sunflower…), despertando pasiones entre aquellos que sabían de dónde provenían aquellos cortes.  Lo cierto es que durante estos cuarenta años porteriores han ido apareciendo grabaciones piratas del Smile, sesiones de grabación y bootlegs la mar de completos, que nos ayudan a comprender cuan grande era la idea original de semejante proyecto. Lo más curioso de todo es que al escuchar las numerosas y distintas copias piratas del Smile (que no difieren demasiado unas de otras) se aprecia un halo de inquietud extraño. Si Pet Sounds, esa gran oda a la vida, desbordaba entusiasmo, espíritu juvenil y optimismo mezclado con melancolía (todo ello trazado de forma perfecta), en Smile se puede apreciar como existe ‘algo’ que falla, mientras que la idea original de Brian era hacer sonreír a la gente con un disco en el que el humor era algo importante, cuando escuchamos esas grabaciones y mezclas finales (o casi finales), existe un trasfondo oscuro en casi todas ellas, hay un algo inquietante, un poso extraño, casi un ente intruso que nadie esperaba ahí. Tal vez ese algo sea la sombra o esencia del deterioro de Brian, o puede que sea el motivo por el cual no supo encajar todas las piezas del puzzle, o quizás el reflejo de los problemas emocionales y mentales por los que estaba pasando. Sea como fuere, existe un tinte extraño en las grabaciones que nos induce a pensar que realmente algo iba mal, es probable que fuese algo ajeno al propio Brian y que él ya percibió al escuchar sus propias sesiones o quizás sea un cúmulo de circunstancias que generan esa especie de atmósfera.  En cualquier caso es lo que hay, es lo que queda de las cintas originales y del proyecto primario.

Situémonos de nuevo. Estamos en 2004 y casi 40 años después Brian se atreve a finalizar el proyecto Smile, publicando ‘Brian Wilson presents Smile’, el resultado final que ha tardado cuatro décadas en ver la luz de una forma definitiva. Lo cierto es que, pese a que no se ha hecho uso de las cintas originales (o apenas uso), y obviando el hecho de que la voz de Brian no es la que era en 1967 y que las armonías vocales corren a cargo de los Wondermints, el resultado es tan brillante como se esperaba. Es un disco redondo, con un trabajo impecable, que de haber salido cuando debió salir hubiese supuesto, definitivamente, la entrada a otra dimensión por parte de Brian, una nueva concepción sobre la forma de grabar, una nueva visión global de la música pop y del rock en general. Además, ha supuesto una especie de reencuentro consigo mismo y ha vuelto a demostrar que si quiere, en cualquier momento sería capaz de parir otro disco tan brillante como Pet Sounds.

Así, Smile, pese a ser un título optimista tal vez se haya convertido en algo que representa el sueño roto de un hombre que no supo digerir su genialidad, que no supo encajar las piezas de un puzzle perfecto y que se sumió en una absoluta y profunda amargura. Seguramente represente el sueño de un hombre que no estaba hecho para aquellos tiempos, pero no olvidemos que es  el sueño de un aventajado al que algunos han tardado en comprender 40 años.

Por Sergio DeLonge

 

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